viernes, junio 19, 2020

Andrzej Tarasiuk/ El Gato y el ceibo















Había una vez tres arroyos que fluían libremente hacia el estuario del Plata: Pérez, Regimiento y El Gato. Los arroyos jugaban bajo la atenta mirada de los árboles de Ceibo, sus flores rojas a menudo encontraban su camino hacia las aguas. Un día la gente, bajo el hechizo del poder industrial y el pensamiento racionalista construyó una hermosa ciudad inspirada en la geometría. Regimiento y Pérez fueron forzados a la clandestinidad, atrapados en tuberías de hormigón y metal. Los árboles de Ceibo y la vegetación local se eliminaron porque no se adaptaban a la visión de la ciudad planificada. Con el tiempo, las orillas de El Gato se colmaron de desarrollo, sus aguas se ensuciaron con basura y excrementos porque la gente en todo el mundo olvidó cómo honrar el agua. El tiempo pasó hasta que un día la ciudad perfecta se rompió bajo innumerables gotas de lluvia. Esto asustó a la gente, porque durante 300 años la humanidad creyó que habían domesticado la naturaleza. Para asegurarse de que volvían a tener el control, El Gato fue encerrado en hormigón.

Pero el Ceibo sabe que los humanos no tienen ese control, el clima está cambiando. Si esperamos seguir teniendo ciudades hermosas, debemos recordar que no somos dueños de la tierra, sino que, como El Gato y El Ceibo, somos sus hijos.

 Al trazar el camino del Arroyo Gato, imaginé la incorporación de los hábitats nativos de La Plata como parte de su marco planificado. Modelé mi visión de Toronto, que, después de su propia inundación en 1954 durante el huracán Hazel, revirtió el desarrollo en sus barrancas y se ha dedicado activamente a rejuvenecer sus espacios verdes como hábitats nativos productivos. Estos hábitats brindan a sus ciudadanos un espacio muy necesario para el disfrute local, protección contra inundaciones naturales, disipación térmica, filtración de aire, el alivio psicológico, la curación, y muchos otros beneficios. La obra exhibida analiza cómo la relación entre la naturaleza y la humanidad se manifiesta en el paisaje, para alentar la reflexión personal sobre qué tipo de mundo elegimos modelar y vivir.



There once were three streams that flowed freely into the mouth of La Plata: Arroyo Perez, Regimiento and El Gato. The streams played under the watchful eye of the Ceibo trees, their red flowers often finding their way into the waters. One day, people under the spell of industrial might and rationalist thinking built a beautiful city inspired by geometry. Regimiento and Perez were forced underground, trapped into pipes of concrete and metal. Ceibo trees and local vegetation were removed because they did not suit the vision of the planned city. With time, El Gato’s banks were crowded by development, its waters soiled with garbage and excrement because people all over the world forgot how to honour water. Time passed until one day the perfect city broke under countless tiny raindrops. This scared the people, because for 300 years humanity believed that they had tamed nature.  To assure themselves that they were once again in control, El Gato was encased in concrete. 

But Ceibo knows that humans have no such control, the climate is changing. If we hope to continue having beautiful cities, we need to remember that we are not masters of the earth, but like El Gato y El Ceibo, we are its children.

            In retracing the path of the Arroyo Gato, I imagined La Plata’s incorporation of native habitats as part of its planned frame work. I modeled my vision on Toronto which, after its own flooding event in 1954 during hurricane Hazel, reversed development in the ravines and has been actively engaged in rejuvenating its green spaces as productive native habitats. These habitats provide its citizens with a much needed space for local enjoyment, natural flood protection, thermal heat sink, air filtration, psychological relief and healing, and many other benefits. The work in the show looks at how the relationship between nature and humanity manifests itself in landscape so as to encourage personal reflection on what kind of world we chose to create and live in.

Andrzej Tarasiuk


Andrzej  llegó  a La Plata intrigado, entre otras cosas, por ser “la Ciudad de los Tilos”, pero parece que algún Ceibo le advirtió que su especie vivió aquí por miles de años antes de que la ciudad existiera. Luego de una conversación preliminar en la que se enteró de la trágica inundación del año 2013, su profundo interés en la relación humano/entorno lo lanzó a una exploración detallada del territorio, descubriendo a cada paso el devenir de la prevalencia del desarrollo urbano por sobre los atributos naturales de la zona, sus cursos de agua, la vegetación local.
¿Que es un artista sino un explorador que, como si poseyera un radar, intenta captar lo esencial en lo que ocurre alrededor durante su travesía, convirtiéndola en una propuesta crítico/poética?
Mediante sus elaboradas pinturas, su texto al modo de un cuento infantil, sus fotografías y sus minuciosas recolecciones, el decidió pasearnos entre  lo regional y lo microscópico, lo cotidiano y lo trascendental. El interrogante que plantea Andrzej es simple, y a la vez crucial: ¿Cómo queremos vivir?
A través de su trabajo, el pasado y el presente informan el futuro. Un futuro que advertimos complicado, mientras algún Ceibo, junto a  Andrzej, nos susurra que podría no serlo tanto.

Rafa Santos/ Curador-Curator

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