jueves, junio 18, 2020

Charline P.William en Residencia Corazón




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Las casas canadienses son, en su mayoría individuales y están muy bien adaptadas para largas temporadas de frío. Entramos apresurados y cerrando la puerta, para que el calor se quede adentro.
Muchas en La Plata, en cambio, cuentan con numerosos espacios semi-abiertos y semi-cerrados, varias puertas y ventanas que proponen un sinfín de configuraciones, de circulaciones, de intimidades, terrazas y patios interiores a los cuales tenemos acceso solamente por la entrada de la casa.
Aquí, en el zaguán, este espacio de transición, de indecisión entre el interior y el exterior de la casa, espera impacientemente el visitante para saber si será recibido.
La pintura es para mí una metáfora de la casa, este espacio con múltiples posibilidades, infinitamente abierta, infinitamente cerrada.
Yo soy su visitante. Me quedo en el vestíbulo, esperando que me inviten, para vivir dentro de ella respetando a sus límites.


Les maisons canadiennes sont souvent des bungalows bien isolés, adaptés aux nombreuses intempéries, dans lesquelles on entre en se dépêchant de fermer la porte derrière soi pour garder la chaleur à l’intérieur.
Les habitations de La Plata, quant à elles, comptent de nombreux espaces mi-ouverts, mi-fermés, plusieurs portes et fenêtres qui proposent une multitude de configurations, de circulations, d’intimités,des terrasses et des cours intérieures auxquelles on n’accède que par la porte d’entrée.
Ici, c’est dans le zaguán, cet espace de transition, d’indécision entre l’intérieur et l’extérieur de la maison, que le visiteur attend patiemment de savoir s’il pourra être reçu.
La peinture est pour moi une métaphore de la maison, cet espace aux multiples possibilités, infiniment ouverte, infiniment fermée.
Et moi, je suis son visiteur. Je reste dans son vestibule, en attendant qu’elle m’invite à l’intérieur, afin de l’habiter tout en respectant ses limites.

Charline P.William


En la arquitectura doméstica existe un tipo de espacio vestibular destinado a separar el espacio exterior del espacio interior. Vestíbulo, porche, recibidor, galería o zaguán, está es una zona de transición, de indecisión, de transición fluida entre el espacio íntimo y el espacio público. 

La obra que Charline P. William presenta como parte de su estancia en Residencia Corazón hacen de la pintura una casa. Hay en sus pinturas una necesidad de habitar, de hacer de su práctica cobijo y guarida. Si la pintura es entonces casa, la artista es quien espera a ser recibida, invitada a habitarla. 
La obra de Charline esconde entre los pliegue de sus lienzos una pregunta, una historia, un secreto, una marca, como una casa contiene y custodia las memorias de sus habitantes. 
Sus pinturas son casas vestibles que guarecen, protegen, revisten. Estas pinturas-refugio, no sólo cubren al cuerpo, sino que se hacen cuerpo, adoptando la forma de quien las habita. Así, la pintura se transforma en una arquitectura corporal, un vestido, que protege, a la vez que hace casa en la intemperie. Así, la calle aparece como extensión de la propia casa, como una zona de espacio temporal por el que deambulan estos cuerpos-casa, caminantes nómades que diluyen el límite entre lo íntimo y lo público. 
Una tela rosada, que cuelga de una pared como un gesto doméstico es espacio autobiográfico que se trama entre las historias mínimas y los recuerdos de protestas y luchas obreras locales y el polo opuesto del mapa.  
La pintura se traduce así en una casa sin paredes. Un espacio precario, que deviene en una existencia nómade. Un lugar inestable, una arquitectura frágil que es asimismo espacio de resistencia, cuidado y refugio. Una necesidad, la demanda de un habitar y ser habitada por la pintura.

Catalina Poggio /Curadora - Curator









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