jueves, junio 25, 2020

Flounder Lee en Residencia Corazón





Flounder Lee es un artista/curador/educador que actualmente se encuentra en un período sabático haciendo residencias artísticas y curatoriales en todo el mundo. Creció en una granja en los Estados Unidos y recibió su BFA de la Universidad de Florida y su MFA de la Universidad del Estado de California en Long Beach, ambas en arte de estudio y fotografía. Durante la última década, varios temas que se superponen han recorrido su trabajo: el postcolonialismo, el mapeo, la ciencia y el cambio ambiental. Utiliza varios medios como la fotografía, el video, la performance, el sonido y la instalación para crear obras que tocan temas importantes. Muchos de los mismos temas y medios también forman parte de su práctica curatorial. Los restos de su primera especialización en ingeniería aeroespacial, como las reglas y las condiciones preestablecidas, son comunes en su práctica. Su trabajo sabático trata sobre un futuro cotidiano y descolonial.

Flounder Lee is an artist/curator/educator currently on sabbatical doing artistic and curatorial residencies around the world. He grew up on a farm in the United States and received his BFA from the University of Florida and his MFA from California State University, Long Beach, both in studio art and photography. Over the past decade, several overlapping themes have run through his work: post-colonialism, mapping, science and environmental change. He uses various media such as photography, video, performance, sound and installation to create works that touch on important themes. Many of the same themes and media are also part of her curatorial practice. Remains from her early specialization in aerospace engineering, such as rules and pre-set conditions, are common to her practice. His sabbatical work is about a daily and decolonial future.



www.flounderlee.com

viernes, junio 19, 2020

Lisa Huntley en Residencia Corazón











https://www.instagram.com/lisachuntley/?hl=es-la

Andrzej Tarasiuk/ El Gato y el ceibo















Había una vez tres arroyos que fluían libremente hacia el estuario del Plata: Pérez, Regimiento y El Gato. Los arroyos jugaban bajo la atenta mirada de los árboles de Ceibo, sus flores rojas a menudo encontraban su camino hacia las aguas. Un día la gente, bajo el hechizo del poder industrial y el pensamiento racionalista construyó una hermosa ciudad inspirada en la geometría. Regimiento y Pérez fueron forzados a la clandestinidad, atrapados en tuberías de hormigón y metal. Los árboles de Ceibo y la vegetación local se eliminaron porque no se adaptaban a la visión de la ciudad planificada. Con el tiempo, las orillas de El Gato se colmaron de desarrollo, sus aguas se ensuciaron con basura y excrementos porque la gente en todo el mundo olvidó cómo honrar el agua. El tiempo pasó hasta que un día la ciudad perfecta se rompió bajo innumerables gotas de lluvia. Esto asustó a la gente, porque durante 300 años la humanidad creyó que habían domesticado la naturaleza. Para asegurarse de que volvían a tener el control, El Gato fue encerrado en hormigón.

Pero el Ceibo sabe que los humanos no tienen ese control, el clima está cambiando. Si esperamos seguir teniendo ciudades hermosas, debemos recordar que no somos dueños de la tierra, sino que, como El Gato y El Ceibo, somos sus hijos.

 Al trazar el camino del Arroyo Gato, imaginé la incorporación de los hábitats nativos de La Plata como parte de su marco planificado. Modelé mi visión de Toronto, que, después de su propia inundación en 1954 durante el huracán Hazel, revirtió el desarrollo en sus barrancas y se ha dedicado activamente a rejuvenecer sus espacios verdes como hábitats nativos productivos. Estos hábitats brindan a sus ciudadanos un espacio muy necesario para el disfrute local, protección contra inundaciones naturales, disipación térmica, filtración de aire, el alivio psicológico, la curación, y muchos otros beneficios. La obra exhibida analiza cómo la relación entre la naturaleza y la humanidad se manifiesta en el paisaje, para alentar la reflexión personal sobre qué tipo de mundo elegimos modelar y vivir.



There once were three streams that flowed freely into the mouth of La Plata: Arroyo Perez, Regimiento and El Gato. The streams played under the watchful eye of the Ceibo trees, their red flowers often finding their way into the waters. One day, people under the spell of industrial might and rationalist thinking built a beautiful city inspired by geometry. Regimiento and Perez were forced underground, trapped into pipes of concrete and metal. Ceibo trees and local vegetation were removed because they did not suit the vision of the planned city. With time, El Gato’s banks were crowded by development, its waters soiled with garbage and excrement because people all over the world forgot how to honour water. Time passed until one day the perfect city broke under countless tiny raindrops. This scared the people, because for 300 years humanity believed that they had tamed nature.  To assure themselves that they were once again in control, El Gato was encased in concrete. 

But Ceibo knows that humans have no such control, the climate is changing. If we hope to continue having beautiful cities, we need to remember that we are not masters of the earth, but like El Gato y El Ceibo, we are its children.

            In retracing the path of the Arroyo Gato, I imagined La Plata’s incorporation of native habitats as part of its planned frame work. I modeled my vision on Toronto which, after its own flooding event in 1954 during hurricane Hazel, reversed development in the ravines and has been actively engaged in rejuvenating its green spaces as productive native habitats. These habitats provide its citizens with a much needed space for local enjoyment, natural flood protection, thermal heat sink, air filtration, psychological relief and healing, and many other benefits. The work in the show looks at how the relationship between nature and humanity manifests itself in landscape so as to encourage personal reflection on what kind of world we chose to create and live in.

Andrzej Tarasiuk


Andrzej  llegó  a La Plata intrigado, entre otras cosas, por ser “la Ciudad de los Tilos”, pero parece que algún Ceibo le advirtió que su especie vivió aquí por miles de años antes de que la ciudad existiera. Luego de una conversación preliminar en la que se enteró de la trágica inundación del año 2013, su profundo interés en la relación humano/entorno lo lanzó a una exploración detallada del territorio, descubriendo a cada paso el devenir de la prevalencia del desarrollo urbano por sobre los atributos naturales de la zona, sus cursos de agua, la vegetación local.
¿Que es un artista sino un explorador que, como si poseyera un radar, intenta captar lo esencial en lo que ocurre alrededor durante su travesía, convirtiéndola en una propuesta crítico/poética?
Mediante sus elaboradas pinturas, su texto al modo de un cuento infantil, sus fotografías y sus minuciosas recolecciones, el decidió pasearnos entre  lo regional y lo microscópico, lo cotidiano y lo trascendental. El interrogante que plantea Andrzej es simple, y a la vez crucial: ¿Cómo queremos vivir?
A través de su trabajo, el pasado y el presente informan el futuro. Un futuro que advertimos complicado, mientras algún Ceibo, junto a  Andrzej, nos susurra que podría no serlo tanto.

Rafa Santos/ Curador-Curator

jueves, junio 18, 2020

Charline P.William en Residencia Corazón




 https://cargocollective.com/charlinepwilliam


Las casas canadienses son, en su mayoría individuales y están muy bien adaptadas para largas temporadas de frío. Entramos apresurados y cerrando la puerta, para que el calor se quede adentro.
Muchas en La Plata, en cambio, cuentan con numerosos espacios semi-abiertos y semi-cerrados, varias puertas y ventanas que proponen un sinfín de configuraciones, de circulaciones, de intimidades, terrazas y patios interiores a los cuales tenemos acceso solamente por la entrada de la casa.
Aquí, en el zaguán, este espacio de transición, de indecisión entre el interior y el exterior de la casa, espera impacientemente el visitante para saber si será recibido.
La pintura es para mí una metáfora de la casa, este espacio con múltiples posibilidades, infinitamente abierta, infinitamente cerrada.
Yo soy su visitante. Me quedo en el vestíbulo, esperando que me inviten, para vivir dentro de ella respetando a sus límites.


Les maisons canadiennes sont souvent des bungalows bien isolés, adaptés aux nombreuses intempéries, dans lesquelles on entre en se dépêchant de fermer la porte derrière soi pour garder la chaleur à l’intérieur.
Les habitations de La Plata, quant à elles, comptent de nombreux espaces mi-ouverts, mi-fermés, plusieurs portes et fenêtres qui proposent une multitude de configurations, de circulations, d’intimités,des terrasses et des cours intérieures auxquelles on n’accède que par la porte d’entrée.
Ici, c’est dans le zaguán, cet espace de transition, d’indécision entre l’intérieur et l’extérieur de la maison, que le visiteur attend patiemment de savoir s’il pourra être reçu.
La peinture est pour moi une métaphore de la maison, cet espace aux multiples possibilités, infiniment ouverte, infiniment fermée.
Et moi, je suis son visiteur. Je reste dans son vestibule, en attendant qu’elle m’invite à l’intérieur, afin de l’habiter tout en respectant ses limites.

Charline P.William


En la arquitectura doméstica existe un tipo de espacio vestibular destinado a separar el espacio exterior del espacio interior. Vestíbulo, porche, recibidor, galería o zaguán, está es una zona de transición, de indecisión, de transición fluida entre el espacio íntimo y el espacio público. 

La obra que Charline P. William presenta como parte de su estancia en Residencia Corazón hacen de la pintura una casa. Hay en sus pinturas una necesidad de habitar, de hacer de su práctica cobijo y guarida. Si la pintura es entonces casa, la artista es quien espera a ser recibida, invitada a habitarla. 
La obra de Charline esconde entre los pliegue de sus lienzos una pregunta, una historia, un secreto, una marca, como una casa contiene y custodia las memorias de sus habitantes. 
Sus pinturas son casas vestibles que guarecen, protegen, revisten. Estas pinturas-refugio, no sólo cubren al cuerpo, sino que se hacen cuerpo, adoptando la forma de quien las habita. Así, la pintura se transforma en una arquitectura corporal, un vestido, que protege, a la vez que hace casa en la intemperie. Así, la calle aparece como extensión de la propia casa, como una zona de espacio temporal por el que deambulan estos cuerpos-casa, caminantes nómades que diluyen el límite entre lo íntimo y lo público. 
Una tela rosada, que cuelga de una pared como un gesto doméstico es espacio autobiográfico que se trama entre las historias mínimas y los recuerdos de protestas y luchas obreras locales y el polo opuesto del mapa.  
La pintura se traduce así en una casa sin paredes. Un espacio precario, que deviene en una existencia nómade. Un lugar inestable, una arquitectura frágil que es asimismo espacio de resistencia, cuidado y refugio. Una necesidad, la demanda de un habitar y ser habitada por la pintura.

Catalina Poggio /Curadora - Curator









Blaire Stapp/ Muy muy serio















Cuando escuchamos la palabra doodle, inmediatamente linkeamos con los logos animados del buscador Google. Pero para los angloparlantes, su significado es más amplio: supone un dibujo simple, rápido, muchas veces hecho mientras la persona está ocupada en otra cosa (el clásico garabato nacido al hablar por teléfono, el que habita los apuntes de una clase poco atractiva).
Como si se tratara de un idioma, Blaire se aprovecha de los doodles para exponer los estados de ánimo, los divagues o las canciones que la atraviesan desde el día uno en Residencia Corazón. 
Hojas de un cuaderno y de otro, arrancadas como almanaque, pegadas como postales, son el motor del cotidiano lejos de su home sweet home.
Pero lo que estructura la obra de Blaire es el humor. Mucho se ha teorizado respecto a su rol en la sociedad, como canal para nombrar miedos, nervios, incomodidades (quién no profirió un chiste en un funeral...). Blaire, por su parte, lo aprovecha para reírse de las inseguridades, vergüenzas y frustraciones propias y de su entorno. Como forma de abordar temas angustiantes y enervantes, sobre todo aquellos que nos atraviesan constantemente a las mujeres que sostenemos la lucha contra un sistema enteramente patriarcal.
Consciente de su lugar, Blaire nos retrata pequeñas situaciones, grotescas, cotidianas o fantásticas, que nos llevan a construir escenas de películas que nunca existieron. Comedia dramática, diría Netflix.  

                                                                                                                  
When we hear the word doodle, we immediately link it to the animated logos of the searcher Google. But for English speakers, its meaning is broader: it is a simple, quick drawing, often done while the person is engaged in something else (the classic garabato born when talking on the phone, the one that inhabits the notes of an unattractive class).
As it is a language, Blaire uses doodles to expose the moods, wanderings or songs she experiences from the first day at Residencia Corazón.
Sheets of a notebook and another, ripped as a calendar, sticked as postcards, are the engine of everyday life away from home, sweet home.
But what structures Blaire's work is humor. Much has been theorized about its role in society, as a channel to name fears, nerves, discomforts (who did not make a joke at a funeral...).
Blaire takes advantage of it to laugh at insecurities, shame and frustrations of herself and her surroundings. As a way of treating distressing and unnerving issues, especially what constantly crosses us to women who sustain the struggle against an entirely patriarchal system.
Aware of her place, Blaire portrays for us grotesque, every day or fantastic situations, which lead us to build scenes from movies that never existed. Dramatic comedy, Netflix would say.

                                                                                               Mariel Uncal Scotti /Curadora-Curator